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Revista "Enfoco"

Imagen del libroEspecial 50 años del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos

¿Qué es el cine? La pregunta podría no caber en una publicación como esta, donde se supone que todos los que colaboran en su realización han de tener su propio, único e individual concepto del cine, ya sea como arte, espectáculo, fenómeno mediático, medio de propaganda o, simplemente, entretenimiento. Podría no caber en una escuela donde se supone que todos los que la habitan tienen, al menos, una mínima noción del asunto.

Que este número de Enfoco esté dedicado al 50 aniversario de una cinematografía como la cubana, en la que han confluido las más diversas posturas acerca del fenómeno cinematográfico, nos lleva a pensar una vez más en ello. ¿Qué es el cine? No basta con las frases de celebérrimos realizadores en la contraportada para dar respuesta a la interrogante. No basta con eternas sesiones de discusión, clases de historia del cine, libros de treinta y tantos ensayos y filmografías esenciales. No basta con haber visto todo Werner Herzog, desconocer el free cinema inglés, saber apreciar la fuerza corrosiva de Brakhage, visionar por enésima vez Memorias del subdesarrollo, despreciar el cine mainstream, simpatizar con el cine africano que desconocemos, alabar el cine europeo «raro» y cuanto videoartexperimentaldevanguardia nos topemos en el camino, sin antes haber visto siquiera los créditos de La diligencia, las películas de rumberas y luchadores; Río, 40 grados, Víctimas del pecado o los colmillos del vampiro de Méndez. No basta con 18 horas de rodaje, noches de edición, semanas sin sábados ni domingos, comités evaluadores, premios u olvidos. El cine ha cambiado como ha cambiado la tecnología; como han evolucionado sus rutinas productivas y el contexto en el que se realiza. Algunos consideran que la era digital no es más que el regreso a la esencia del medio: la artesanía de la imagen manipulada, transformada cuadro a cuadro para obtener algo nuevo: la imagen cinematográfica.


Los medios, abaratados, están ahora al alcance de todos, una realidad que pone en crisis las estructuras industriales tradicionales. Julio García Espinosa, en su ensayo Por un cine imperfecto, dijo «el arte no va a desaparecer en la nada. Va a desapareceren el todo. […] Cuando nos preguntamos por qué somos nosotros directores de cine y no los otros, es decir, los espectadores, la pregunta no la motiva solamente una preocupación de orden ético. […] Pero, ¿qué sucede si el futuro es la universalización de la enseñanza […], si el video tape soluciona la capacidad inevitablemente limitada de los laboratorios, si los aparatos de televisión y su posibilidad de “proyectar” con independencia de la planta matriz, hacen innecesaria la construcción al infinito de salas cinematográficas?». Sucederá que las estructuras tradicionales buscarán las formas de adecuarse a los nuevos tiempos y métodos, en aras de sobrevivir la hecatombe del cambio. Pero el cine, en su esencia, seguirá siendo el mismo. Hay cosas que no cambiarán: la cinefilia comprometida, la pasión, la entrega, el descubrimiento.

El cine es lo que cada cual entienda desde su nivel de compromiso. El cine es todo lo que es, y también su negación. La más dialéctica de todas las artes. La razón de la vida. La verdad y la mentira. La ilusión. El cine es…


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